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sábado, 27 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 157

Día 23 de Diciembre de 2010
Día 908 del Apocalipsis
Thomaston 07:00 de la mañana.

Me encontraba dentro de la ducha dejando que el agua cayera sobre mi piel. Hacía tiempo que no me daba una ducha tan relajante. Cuando terminé, salí de la ducha y me quedé mirándome al espejo, donde me vi reflejado, tenía el pelo bastante largo y una espesa barba, así que decidí deshacerme de todo ello. Busqué en el armario y saqué unas tijeras, espuma de afeitar, una maquinilla de afeitar y una maquina para cortarme el pelo. Con sumo cuidado comencé a recortarme la barba, cuando ya la había recortado lo bastante, comencé a afeitarme. Incluso me corté un par de veces. También hacía tiempo  que no me afeitaba. Cuando estuve afeitado comencé a cortarme el pelo, dejándomelo totalmente rapado.
Regresé a la habitación y me puse ropa nueva que había en el armario. Una vez arreglado, bajé al salón y allí me encontré a Keity sentada en la cocina leyendo un libro, al verme abrió mucho los ojos.
—La hostia. Realmente había una cara detrás de tanto pelo. Pareces otro.
—Muy graciosa. ¿Dónde están los demás?— pregunté caminando hasta la  cocina.
—Luci y David salieron temprano a dar una vuelta. Vicky se fue con la hija de Amparo a ver el colegio… Por cierto. He preparado algo de café— respondió Keity.
Una vez en la cocina, me  preparé una taza de café y miré por la ventana. Vi a gente haciendo una vida normal. Había gente sacando la basura, paseando perros, niños cargados con mochila yendo al colegio con la sirena de este de fondo. Entonces vi a una mujer rubia y gruesa cargada con una cesta que irrumpía en el jardín y terminaba llamando a la puerta.
Cuando abrí la puerta me encontré cara a cara con esa mujer, llevaba una especie de cinta del pelo de color rojo que le cubría parte de la frente.
—Hola. Buenos días. Soy Gladis. Bienvenidos a Thomaston. Os traigo un regalo de bienvenida. Son frutas sacadas de mi huerto.
—Gracias. Yo soy…— dije, pero enseguida Gladis me interrumpió.
—Juanma. Ya lo se, todos lo saben. No hablan de otra cosa. Acabáis de llegar y ya sois algo así como famosos. Aunque supongo que es normal. Por lo que se cuenta. Habéis vivido mucho tiempo ahí fuera. Os ven como super hombres, ya que dudo que alguien de aquí durara mucho tiempo ahí fuera. Bueno, solo quería presentarme. Os sugiero que más tarde paséis por la plaza, hay algo así como un mercadillo. Hasta luego.
Gladis se marchó y yo dejé la cesta de fruta sobre la mesa. Keity aprovechó para coger una manzana y darle un mordisco. –Creo que has ligado.
—No digas tonterías. Voy a dar una vuelta. ¿Vienes?— pregunté.
—No. De momento no. Quiero darme una ducha también. Luego si que saldré a dar una vuelta— respondió Keity.
—Muy bien.
Salí de la casa y caminé por el jardín hasta que llegué a la carretera. Desde allí comencé a caminar mirando a mí alrededor. Pasé junto a una casa donde un hombre estaba regando, al verme me saludó. Yo le devolví el saludo.
Seguí caminando y entonces vi dos siluetas conocidas. Se trataba de Luci y David. Estos se acercaron a mí.
—Llevamos un rato dando vueltas y todo por aquí es normal. No hay nada raro— dijo David mirando alrededor. Yo me fijé que también ellos se habían arreglado para estar más presentables.
—Yo también veo que no hay nada raro. De hecho, creo que es bastante normal todo. Puede que incluso demasiado. Es como si de repente hubiésemos empezado a vivir en felizonia. Llámame rara, pero no acabo de fiarme.
—Lo raro es que te hayas despegado de tu katana. Eso si que es raro— bromeó David.
—No quiero parecer una chiflada caminando por ahí con una katana. Ya me entendéis— dijo Luci.
—Veamos. Este lugar no parece peligroso, de hecho dudo que lo sea, aun así no  quiero que bajéis la guardia en ningún momento. ¿De acuerdo? Los ojos bien abiertos— les dije a ambos.
Justo en ese momento apareció Amparo subida en una bicicleta. Esta llevaba puesta ropa de deporte y se acercó a nosotros nada más vernos.
—Buenos días. Veo que estáis explorando. Lo veo lógico— dijo Amparo con una agradable sonrisa.
—Si. Nos estamos familiarizando con el pueblo. Es bastante más grande de lo que pensábamos— respondió David –Me asombra lo que habéis conseguido. Aunque no deja de ser extraño. Todo es muy tranquilo.
—Eso es gracias a nuestros vigías— dijo Amparo mirando a los vigías de las torretas que había junto a los muros mientras se cubría los ojos del sol.
—¿Alguna vez habéis tenido algún intento de invasión? Tanto de vivos como de muertos— preguntó Luci.
—Si. Ambos casos, pero nosotros mismos nos ocupamos. Lo único que hicimos fue hacer muros más altos y reforzados. Incluso hemos triplicado el numero de  guardas y les hemos dado mejores armas— nos explicó Amparo. –Simplemente nos hemos tenido que adaptar para sobrevivir— Amparo hizo una pausa y se miró el reloj. Luego nos miró. –Ahora si me disculpáis debo ir a casa de los señores Hantomp. Debo llevarles unos medicamentos. Nos vemos después en mi casa a la hora de comer. Os espero allí.
Los tres asentimos y nos despedimos de Amparo para seguir explorando el lugar. Seguimos caminando y llegamos a un edificio grande y en muy buen estado. Se trataba del hospital. En ese momento vimos a alguien llegar con una mujer sentada en una silla de ruedas. A los que enseguida atendieron dos hombres, era evidente que esa mujer iba a dar a luz en cualquier momento. Me quedé mirando a David, este se había quedado como pensativo.
—¿Qué es lo que ocurre?— pregunté.
—¿Ves este sitio? Es un lugar muy limpio y tiene mejor preparación que el JFK. Es aquí donde quiero que nazca mi hijo. Quiero estar ahí presente cuando ocurra. Quiero vivir aquí— respondió David. –Quiero formar aquí una familia, quiero que esto sea para siempre. Creo que podemos conseguirlo.
—Yo también— respondí.
Seguimos caminando y entonces llegamos a lo que parecía un taller. Confirmamos que lo era cuando nos acercamos más todavía. Allí había varias personas trabajando en unos autobuses. En ese momento apareció una chica morena de pelo muy corto y con gafas, llevaba un mono de trabajo y algunas manchas de aceite de motor en la cara.
—Vosotros sois los recién llegados. He oído hablar de vosotros. Vuestra llegada ha corrido como la pólvora. La gente está como loca con vuestra llegada— la chica se limpió las manchas de la cara y se presentó. –Mi nombre es Ana, pero aquí todo el mundo me llama  Nana. Soy la mecánico jefe.
—Yo soy Juanma. Ellos son Luci y David— dije presentando a mis compañeros.
—Habéis llegado en buen momento. Estamos preparando estos cacharros para vosotros. Ordenes de la alcaldesa. Es decir, ordenes de Amparo— explicó Ana. –Es para que traigáis al resto de vuestro grupo ¿Verdad?
—Así es— respondió David. –Estábamos dando una vuelta para explorar todo esto. Es más grande de lo que pensábamos. Acabamos aquí por casualidad.
—¿Cuándo estarán listos?— pregunté avanzando hasta uno de los autobuses.
—Pues…— Nana hizo una pausa para rascarse la cabeza –No quiero parecer muy optimista, pero si mantenemos el ritmo de trabajo que llevamos… Esta misma tarde estará todo listo. Si, creo que estarán listos sin ningún problema.
En ese momento llegó Amparo con la bicicleta. La dejó apoyada en una de las vigas y se acercó a nosotros con una sonrisa. –Imaginé que estaríais aquí. ¿Qué os parecen los autobuses? ¿Creéis que habrá suficiente para todos los que están en el hospital?
—Yo diría que si— respondí acercándome a nuestra anfitriona.
—¿Y que opinas de Thomaston?
—Sinceramente. Es mucho mejor  de lo que esperaba. Desde lo de Manhattan no habíamos visto nada que estuviera tan tranquilo como esto o que hubiese tanta paz. Es como retroceder en el tiempo a antes de la epidemia. Has hecho un buen trabajo.
—Me esfuerzo cada día para ello. Para mí, lo más importante es esta gente. Debo hacerlo lo mejor posible, por ellos— en ese momento, Amparo se acercó a uno de los mecánicos. –Prepárame un coche. Voy a hacerles una visita guiada.
—Si señora— dijo uno de los mecánicos.
—¿Aun hay más por ver?— pregunté.
—Por supuesto— respondió Amparo con una sonrisa. –Aun no habéis visto lo mejor.

Thomaston… Instituto…

—Y aquí es donde suelo dar clases de cocina— explicó Ariadma entrando en una de las aulas seguida por Vicky.
—La cocina no es lo mío. Ni siquiera me interesa. Me daría miedo  envenenar a la gente— respondió Vicky sentándose en un taburete.
—De todos modos deberías probar un día en una clase para ver si te llama la atención y le coges el gusto— entonces, Ariadna vio la pistola de Vicky. —¿La has usado mucho?
—¿Eh?— preguntó Vicky extrañada. Ariadna señaló la pistola. –Ah… Si. No esta precisamente, pero si otras. Ahí fuera es necesario saber usarlas si no quieres morir. Ya sean caminantes o vivos. Tu también las has usado ¿No? Llevabas un arma cuando nos encontramos.
—Únicamente la llevaba como protección, pero nunca he disparado contra nada ni nadie. Creo que no sería capaz.  Yo he salido a veces, pero nunca sola, siempre he ido con gente que si sabía disparar.
—Pues deberías aprender— respondió Vicky. –Por si algún día pasa algo y los caminantes entran. Debes saber defenderte si no quieres morir. No van a estar siempre para salvarte el culo. Saber cocinar no te servirá de nada ahí fuera.
—No seas borde— replicó Ariadna. –Hago lo que puedo.
—No soy borde. Soy realista. Te has acostumbrado a vivir detrás de unos muros y les has confiado  tu vida  a otros. Esos muros pueden no aguantar siempre y los demás no van a estar siempre para protegerte— respondió Vicky. –Puedo sonar dura, pero es así.
Ariadna iba a decir algo, pero entonces sonó la sirena del recreo y el pasillo se llenó de voces. Ariadna y Vicky salieron del aula de cocina y se encontraron en medio de varios niños.
—Hola Ari— dijo en ese momento una mujer saliendo de una de las aulas. Entonces, la mujer miró a Vicky. —¿Quién es tu amiga?
—Es Vicky. Es una recién llegada, del grupo que llegó con mi madre— respondió Ariadna.
—Hola Vicky. Soy Rose Mary. Profesora de Matemáticas— dijo la profesora tendiéndole la mano a Vicky para que se la estrechara.
Vicky le estrechó la mano. –Odio las Mates.
—¿Y quien no?— respondió la profesora con una sonrisa. Entonces se miró el reloj. –Escuchad. Son las nueve de la mañana y hay una hora de recreo. ¿Por qué no me acompañáis a la cafetería? Os invito al almuerzo. Así me cuentas todas las aventuras que has vivido ahí fuera. Me interesa mucho conocerla.
—Me parece bien— respondió Vicky.

Thomaston… Parque…

Tras ducharse, Keity había hecho lo mismo que sus compañeros. Había decidido salir a explorar lo que Thomaston les ofrecía. Para ella era como un mundo nuevo. Desde que todo se fue al más absoluto infierno, su vida había sido lucha, hospital, incursiones en lugares donde no había vida, más lucha y más hospital. Había llegado incluso a la conclusión de que nunca volvería a ver algo que se pareciera lo más mínimo a la civilización. Hasta que llegó a Thomaston. No solo se había dado una ducha de agua caliente, también se había tomado un café y había salido a pasear por la calle. Se había cruzado con gente y estos la habían saludado con una sonrisa.
Caminó por las calles hasta que llegó a un parque y allí se sentó a la sombra de un árbol. Allí era todo normal, había personas mayores alimentando palomas y mujeres paseando con sus carritos. Thomaston era un lugar idílico y que dejaba el apocalipsis fuera en el olvido. Lo único que le recordaba la realidad eran los altos muros que mantenían a los muertos fuera. En ese momento vio algo que le llamó la atención. Un joven corrió hacia los muros y comenzó a treparlos. Rápidamente, Keity se puso en pie y corrió hacia los muros voceando para que aquel muchacho la escuchara, aunque este, hizo caso omiso. Cuando Keity llegó, trató de seguirle, pero entonces un chico la detuvo.
—Hola. Keity ¿Verdad? Soy Xander. Estaba en las puertas cuando llegasteis ayer— dijo el joven presentándose.
—Si… Te recuerdo— respondió Keity, seguidamente miró hacia el muro. —¿A dónde va?
—Gareth es así. Le gusta salir de los muros. No dice a nadie a donde va. Siempre vuelve de todos modos. A nadie le preocupa. A veces, trae cosas para la comunidad. Así que por eso, nadie tiene en cuenta sus salidas.
—Pues alguien debería decirle que no es seguro andar por ahí fuera. Hay muchos caminantes, hace unas semanas vimos un rebaño que acojonaba solo con mirarlos— Keity vio que el muchacho ladeaba la cabeza como si no entendiese de lo que ella hablaba. –Cuando hay muchos de ellos juntos desplazándose los llamamos rebaño.
Xander sonrió. –Se lo que es un rebaño de caminantes. Mostré mi sorpresa por que no conozco a nadie que haya sobrevivido a un encuentro con un rebaño. Nadie que se haya topado con uno ha vuelto con vida. Vosotros sois los primeros…— Xander se quedó un rato pensativo y miró a Keity. –Oye… Aquí cerca hay una cafetería… Podemos ir allí a tomarnos algo mientras me cuentas un poco como es la vida ahí fuera actualmente. Llevo mucho tiempo aquí y no logro hacerme a la idea de como es ahí fuera actualmente. A ver, se que pasa, pero solo al principio. Después de eso… No tengo ni idea de lo que pasa— Keity miró a Xander y este le sonrió. –Por favor. Pago yo… ¿O tienes algún noviete en ese grupo con el que llegaste? Te juro que no pretendo nada raro.
—No tengo ningún noviete en mi grupo. Estoy soltera y feliz— respondió Keity. –Acepto tomarme ese café contigo. De todo primer café se llega a la conclusión de si se debe o no se debe repetir.
—Perfecto pues— dijo Xander con una sonrisa. –Luego podemos ir a mi casa a jugar una partida de billar. Hace tiempo que no le doy una paliza a nadie.
—Lo del billar suena interesante, pero lo de darme una paliza suena a broma— respondió Keity. Seguidamente, ambos comenzaron a caminar hacia la cafetería.
******
Llegó la hora de comer y todos nos reunimos en casa de Amparo para comer. Nada más entrar por la puerta nos llegó el olor del estofado que nuestra anfitriona nos había preparado. Nos sentamos alrededor de una mesa. No tardamos en comenzar a comer.
—Bueno. ¿Qué os parece Thomaston?— preguntó Amparo mirándome a mi. Esperando conocer mi opinión.
—Bueno. Es evidente que habéis trabajado duro para mantener este lugar. Se os ve muy unidos y eso genera la fuerza para sobrevivir. Por mis experiencias, es mejor estar unidos para sobrevivir en este mundo. Es un claro ejemplo de que la unión hace la fuerza— expliqué. –Nosotros hemos sobrevivido todo este tiempo por que hemos estado unidos— dije mientras miraba a David, Luci y Vicky. –Probablemente, si no hubiésemos trabajado juntos y protegido los unos a los otros, hoy no estaríamos alrededor de esta mesa. Además de otras cosas que hemos tenido que hacer— junté las manos sobre la mesa como si fuese a rezar y adopté un tono serio. –No quiero mentiros. Debéis saber algo muy importante. Ninguno de nosotros tiene las manos limpias. Todos hemos tenido que hacer cosas horribles para seguir vivos. Cosas inhumanas.
—Te refieres a matar a otros— dijo en ese momento Reed. –Se lo que es eso. Yo  mismo también he tenido que hacerlo. Este es el nuevo mundo. Hacemos lo que tenemos que hacer.
—Si, pero no como nosotros. Yo he matado a personas que nos amenazaban, se que era lo justo, pero han sido tantos que yo ni lo recuerdo. Algunos… Únicamente por venganza.
—Puedo entenderte hijo… Y créeme, que eso no te hace mala persona. Has hecho lo que debías o lo que creías que debías hacer. Lo hecho, hecho está— en ese momento, Reed cambió de tercio y nos miró con una sonrisa. –Tengo en mente un proyecto y vosotros chicos, me vendréis muy bien. Se os ve fuertes.
—¿Qué proyecto?— preguntó David.
—Ampliar Thomaston y ocupar más pueblos y ciudades. Recuperar lo que es nuestro— dijo Reed. –Y una vez hayamos hecho eso. Construir un camino o carretera que nos facilite los viajes. Levantando muros a ambos lados del camino. Ese es el proyecto.
—Suena interesante— respondió Luci. –Si se hace, me apunto.
—Perfecto— dijo  Reed con una sonrisa.
La comida transcurrió con tranquilidad. Reed estaba en el jardín trasero con los demás. Yo entré dentro de la casa y entonces me quedé mirando una foto. En ella aparecían Amparo, Reed, Ariadna y un chico joven de unos dieciséis o diecisiete años. Era un muchacho delgado y rubio. Sus ojos eran marrones. Lo miré de más cerca, no recordaba haberlo visto.
—Ese es mi hijo, Martin— la voz de Amparo me sorprendió y me di la vuelta. Ella se acercó y cogió la foto. –No volvimos a verlo después de los primeros casos. Se lo llevaron, probablemente murió.
—Lo lamento— respondí. –Es muy duro perder a un hijo.
—Lo más duro de todo es que no pudimos hacer nada para impedir que se lo llevaran a la fuerza. El corrió la suerte de muchos jóvenes. Se los llevaban a la fuerza de sus hogares para alistarlos cuando los soldados desertaban. Nunca olvidaré sus últimas palabras. Se lo llevaron y nos dijo que nos odiaba. Nosotros no pudimos hacer nada.
—Seguro que os perdonó en algún momento— dije yo. –Ningún hijo odia a sus padres eternamente. El entendería que vosotros no pudisteis evitar que se lo llevaran.
—Eso quiero creer— respondió Amparo.
—Admiro el trabajo que has hecho aquí. La gente es feliz. Tu cuidas de todos— dije en ese momento avanzando hacia Amparo. –Eres una gran líder. Si Martin estuviese aquí estaría orgulloso de ti.
—Lo cierto es que Thomaston no fue siempre un sitio feliz. Tiene un pasado oscuro que ya te contaré algún día.  Ahora debemos prepararnos para partir de vuelta al hospital. Si salimos ahora, estaremos allí en menos de una hora— respondió Amparo.
—Si. Quiero traer a toda mi gente aquí cuanto antes— dije con una sonrisa. Lo cierto es que tenía muchas ganas de que Eva viera Thomaston. Allí se sentiría segura y podríamos ver crecer a nuestros hijos tranquilamente.
Tras la comida fuimos todos al taller mecánico. Allí ya habían acabado de preparar los autobuses que íbamos a usar para el transporte. Reed y Ariadna nos  acompañaron.
—Ya está listo. Los tres lo están. Por favor cuidadlos, son mis mejores apaños. Si les pasa algo, me ocuparé personalmente de destriparos. Los caminantes parecerán un chiste a mi lado— dijo Anna mirándome.
—No te preocupes. Cuidaré de ellos como si fueran mis hijos. De hecho, los tendrás aquí antes de que pasen dos días— respondí abriendo una de las puertas. Una vez arriba del autobús miré por la ventana y me quedé mirando a Amparo mientras se despedía de su marido y de su hija.
—¿De verdad es necesario que vayas tú también?— preguntó Reed.
—Es parte de mi trabajo. No os preocupéis. Estaré fuera dos días… Como mucho. Si os hace sentir más tranquilos…— Amparo rebuscó dentro de su mochila y sacó un walkie talkie. –Estaremos en contacto, pero por favor, estad tranquilos, estaré de vuelta antes de que os podáis dar cuenta. Ya lo veréis.
—Si tardas en volver tendré que volver a salir  a buscarte— dijo Ariadna.
—No será necesario cielo— respondió Amparo abrazando a su hija. Segundos después, Reed se unió al abrazo.
Amparo se separó de ellos y subió a uno de los autobuses. Vicky se subió al autobús donde estaba yo y me miró. –Ya es hora de regresar. Pronto estaremos viviendo aquí y siendo felices.
—Veo que te ha convencido el colegio. Te veo emocionada— respondí con una sonrisa.
—Eso es por que lo estoy. El ambiente del colegio me ha recordado como es ser una adolescente normal y corriente. Quiero recuperar esa vida. Te aseguro que no echaré de menos esta vida actual. Cuando vivamos aquí no volveré a coger una pistola.
—Ya somos dos— respondí encendiendo el motor. Unos minutos más tarde, los tres autobuses habían salido de Thomaston y estábamos de regreso al hospital. Pronto estaríamos con nuestros compañeros.

Hospital JFK…

Eva se encontraba dándoles el biberón a los bebés. Silvia la estaba acompañando haciendo lo propio con su hija. Entonces se fijó en Eva.
—Te noto decaída. ¿Te ocurre algo?— preguntó Silvia.
—Solo estoy un poco preocupada. Hace más de un día que Juanma y los otros se fueron. Aun no hemos recibido noticias suyas. Me preocupa que pueda haberles pasado algo. Se fueron a pie y eso es un largo camino— respondió Eva.
—Tranquila, ya verás como vuelven— dijo en ese momento Silvia.
En ese momento alguien llamó a la puerta y Silvia fue a abrir. Cuando abrió la puerta se encontró cara a cara con Mélanie. Ella llevaba días que ya estaba recuperada.
—¿Qué ocurre?— preguntó Silvia. Eva rápidamente acudió a la puerta también.
—Acaban de llegar tres autobuses— respondió Mélanie con una sonrisa. –Son Juanma y los otros. Han vuelto.
*****
Me bajé del autobús seguido por Vicky. David, Luci, Keity y Amparo también bajaron de los autobuses. Todos nos encaminamos hacia la puerta principal y entonces fuimos recibidos por Juan y por Johana. Este enseguida se me acercó.
—Pensé que estaríais allí viviendo la vida loca y que os habíais olvidado de nosotros— dijo Juan dándome una palmada en el hombro. Yo le devolví la palmada y luego nos abrazamos.
—Casi, pero no. Hemos decidido compartir el paraíso con los demás. ¿Dónde está Eva?
Justo en ese momento, Eva apareció y corrió a abrazarme. Seguidamente me besó y nos miramos con una sonrisa en los labios.
—Temí que no volvieras.
—Siempre vuelvo— me volví hacia los demás y los miré. –Reunidlos a todos en el hall. Tengo algo importante que decir— Tal como dije. Unos minutos después nos encontrábamos en el hall. Estábamos todos a excepción de los niños, algunos celadores y el Dr. Kirk. –Gracias por estar aquí. Se que no estáis todos, pero no importa. Hemos estado en Thomaston como ya sabéis. Lo que hemos visto allí nos ha gustado, es tal como Amparo nos dijo. Es un lugar idílico para vivir todos juntos. Vamos a prepararnos y entonces nos pondremos en camino. Tardaremos alrededor de unos cincuenta minutos en llegar. Simplemente prepararos con tranquilidad y cuando estemos listos partiremos.
*****
El doctor Kirk no había ido a la reunión. Se había encerrado en una estancia, una habitación que había convertido en su laboratorio particular. Allí tumbados en camillas y encadenados a la pared, tenía caminantes. Eran caminantes que habían sido enfermos, había llegado a un acuerdo con los celadores, había pactado que lo avisaran cuando uno de los enfermos muriera. Así podría proseguir con sus investigaciones.
Kirk se acercó a uno de los enfermos y comenzó a hablarle a la grabadora. –El señor  Beck murió por un fallo respiratorio hace dos horas. Se reanimó hace veinte minutos. Vamos a proceder…— un ruido le hizo parar la grabación y darse la vuelta. Entonces vio a Jeremy, el hijo de Mike. Este estaba de pie en la puerta, mirando a los caminantes con los ojos muy abiertos.
—Caminantes… Cami…— balbuceó Jeremy.
—Tranquilo chico. No son peligrosos— dijo el doctor acercándose con las manos en alto.
—No pueden estar aquí. Se lo voy a decir a…— dijo Jeremy dándose la vuelta para gritar, pero antes de que pudiera decir nada. El doctor Kirk se abalanzó sobre el tapándole la boca y llevándoselo al interior del laboratorio. No podía permitir que el chico lo delatara. Cerró la puerta y el muchacho pataleó con todas sus fuerzas. Kirk lo inmovilizó y entonces el niño le mordió en la mano. Kirk gritó de dolor y en un arranque de rabia empujó a Jeremy contra una de las camillas, fue en ese momento cuando uno de los caminantes lo agarró y le mordió en el cuello. El niño ni siquiera pudo gritar. Kirk tiró de el y lo alejó del No Muerto. Poco después, el niño agonizaba en el suelo mientras la sangre iba formando un charco. Rápidamente el doctor se acercó al niño y puso su mano sobre la cara del muchacho.
—No te preocupes. No te dejaré sufrir… Y me ayudarás en mis investigaciones— dijo mientras asfixiaba al muchacho. –Me ayudarás…


sábado, 20 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 156

Día 21 de Diciembre de 2010
Día 906 del Apocalipsis…

Habían pasado varios días desde el incidente con la doctora Green. Después de lo ocurrido, con el amanecer y amaino de la tormenta, habíamos regresado al hospital. Allí, Eva y yo les habíamos dado nuestra versión de lo ocurrido con la doctora. Nadie hizo preguntas y los días transcurrieron hasta el día de la partida hacia Thomaston.
Amparo, Keity, David, Luci, Vicky y yo andábamos por  el bosque. Hacía dos horas que habíamos abandonado el hospital y el tiempo, por el momento, no amenazaba con fuertes tormentas. Nos habíamos despedido de todos los que estaban en el hospital y habíamos emprendido nuestro viaje, con la promesa de volver lo antes posible, aunque a nosotros aun nos quedaban horas de viaje.
Vicky estaba completamente ilusionada. Tanto, que se acercó a Amparo y comenzó a hacerle preguntas sobre como era el colegio allí en Thomaston. Vicky le contaba como era el colegio en Manhattan y como le había ido allí.
—No te preocupes preciosa. El colegio de Thomaston es el colegio perfecto del nuevo mundo. Incluso podrás estudiar una carrera si tú quieres. Cuando lleguemos, le pediré a mi hija que te enseñe el colegio.
—¿Qué edad tiene?— preguntó Vicky.
—Es un poco más mayor que tu, pero os llevareis bien— respondió Amparo.
Yo me adelanté un poco y me puse justo a su lado, miré a Vicky. –Vamos a hablar en privado. ¿Nos dejas solos un momento?— Vicky asintió y yo miré a Amparo. –Está muy emocionada con esto. Supongo que quiere tener una vida normal, sin tener que ver muerte cada día. Es lo que buscamos todos.
—Te entiendo— respondió Amparo. –Yo también lo busco. Por eso fundé la comunidad de Thomaston. Por que todos buscamos, quizás no volver a lo que una vez fuimos, pero al menos, algo parecido. Una vida donde no tengamos que dormir con un ojo abierto y un cuchillo debajo de la almohada.
—Me temo que eso nunca llegará a pasar del todo. Siempre habrá alguien que no buscará lo mismo que nosotros y seguirá sus propios intereses por puro egoísmo— miré que Vicky se alejó de nosotros y volví a dirigirme a Amparo. –La historia que conté sobre la doctora… No fue exactamente así. Digamos que lo conté a mi modo.
—¿Me vas a contar a mi lo que pasó de verdad?— preguntó Amparo.
—Quiero ser sincero contigo— respondí –Lo que ocurrió, fue que aun habiéndose rendido, acabé con su vida. Lo hice por que era peligrosa y no quería arriesgarme a que ocurriera algo similar. Le disparé tres veces. La odiaba por que quiso matar a mis hijos.
—Lo entiendo y acepto. Creo que habría hecho lo mismo que tu, pero sigo sin entender el porque me lo estás contando— dijo Amparo.
—Por que es necesario que sepas lo que puede pasar si resulta que esto es una trampa y nos pones en peligro. Quiero que sepas de todo lo que soy capaz de hacer por proteger a todas esas personas a las que quiero. Simplemente, no intentes jugármela.
—Me gusta esa actitud. Hacen falta más hombres como tu en este mundo. Alguien con valores, valores humanos que tras el apocalipsis, muchos han perdido. Aunque eso implique tener que matar a otros. No es que sea la única opción, pero a veces es necesaria.
—Entonces está todo claro— respondí una vez más. –No intentes jugármela.
Seguimos caminando y llegamos a un lugar donde antes había un puente según Amparo.
—No lo entiendo. Cuando pasé por aquí había un puente— dijo Amparo asomándose y mirando al fondo del barranco. Luci también miró y luego me miró a mí.
—Está allí abajo. Aun se pueden ver los restos.
—Jake dijo que nos alejáramos de los puentes. Me habló de tres grupos de cazadores que merodeaban de camino a Thomaston. Puede que fueran ellos, los cuervos negros o el mismo temporal— dije mirando a mis compañeros. –Supongo que ya nunca lo sabremos.
—Escuchad. Anochecerá dentro de un par de horas. Sugiero que paremos y prosigamos mañana— dijo Keity. –Será lo más seguro— Keity sacó entonces un mapa y nos señaló un punto. –Aquí hay una estación de esquí. Se que está vacía y es segura, podemos refugiarnos allí por esta noche.  Será lo mejor, además, creo que viene tormenta.
—Muy bien— dije. –Hagamos eso. Pongámonos en camino a esa estación de esquí.
Seguimos la sugerencia de Keity y llegamos a la estación de esquí. Era un edificio bastante grande y parecía seguro. Luci y yo entramos los primeros y luego nos siguieron los demás. Una vez dentro, bloqueamos las puertas. Cuando comenzó a hacerse de noche, abrimos unas latas y cenamos en torno a una chimenea. Con suerte, nadie vería el humo en la tormenta que había comenzado hacía nada.
—¿Cuánto nos queda?— preguntó David mirando a Amparo.
—Aun nos queda un poco, pero si no pasa nada. Si seguimos el camino correcto, el tiempo nos lo facilita y nadie nos da problemas. Puede que lleguemos mañana al medio día o al atardecer como muy tarde. Tranquilos, lo conseguiremos— dijo Amparo con una sonrisa. –Os encantará Thomaston. Somos una comunidad bien preparada y bien unida.
En ese momento, Vicky se apoyó en mí y no tardó en quedarse dormida sobre mi hombro. Aun era muy joven y era normal que tras andar tanto, estuviera tan cansada. Poco después, mientras algunos se fueron a dormir, yo me quedé de guardia mirando a través de la ventana. Fuera nevaba con fuerza y podía ver como el fuerte viento mecía los teleféricos, incluso vi como uno de ellos se soltaba y se perdía entre los arboles.
—Las tres de la madrugada. Me toca vigilar— la repentina voz de Luci me hizo darme la vuelta para mirarla. Esta avanzó y se sentó a mi lado. –Menuda se ha liado ahí fuera. Hazme sitio bajo esa manta hasta que te vayas a dormir— yo hice lo que ella me dijo y se puso a mi lado debajo de la manta. Ambos estuvimos un rato en silencio hasta que ella lo rompió. –Se lo que hiciste.
—¿De que hablas?— pregunté.
—De la doctora. No hace falta ser un lince para saber lo que pasó. La mataste. ¿Verdad?
Yo asentí entonces con la cabeza. –Debí suponer que no podría ocultarlo mucho tiempo. Aun así no me arrepiento de lo que hice. Esa mujer había amenazado a mis hijos tras secuestrarlos. No podía dejarla ir, era un peligro para todos nosotros.
—Te entiendo. Yo hubiese hecho lo mismo. De hecho… Lo que hiciste, fue proteger a los tuyos. Ni más, ni menos. También entiendo que lo ocultaras. Eres nuestro líder y como líder debes hacer que prevalezca la calma.
—Gracias por entenderme— respondí. –Eres un gran apoyo para mí.
—Vale. Ahora vete a dormir. Descansa. Mañana partiremos temprano, con suerte. Llegaremos a Thomaston al medio día. Aunque no te lo creas, siento curiosidad por ese lugar. Aunque suene raro viniendo de mí… Tengo ganas de respirar tranquilidad, tengo ganas de dejar esta espada y no cogerla más. Quiero ser la Luci que era antes de esto. Quiero recuperar mi ser antes de que se pierda del todo.
—Yo también he estado pensando en eso. No quiero perder la humanidad. Siento que nos estamos volviendo salvajes. Por eso he decidido cambiar. No quiero tener que volver a  matar. Una vez lleguemos allí. No volveré a matar. Quiero dejar atrás eso, quiero ser un hombre normal.
—¿Y que harás si resulta ser una trampa? No hay motivos para desconfiar, pero tampoco para confiar. ¿Qué harás entonces?— preguntó Luci mientras ambos mirábamos a Amparo. La cual estaba acurrucada debajo de una manta.
—Si al final resulta que intenta jugárnosla. Ella será la ultima persona con cuya sangre me mancharé las manos— respondí mirando a Luci. –Hay que ser cautelosos. Ten los ojos bien abiertos. A la menor sospecha de que algo no va bien. Tomaremos a Amparo como rehén.
—Dalo por hecho— respondió Luci.

Día 22 de Diciembre de 2010
Día 907 del Apocalipsis…
07:00 de la mañana…

Estaba amaneciendo y la tormenta había cesado por completo. Me quité la manta de encima y me acerqué a David. La última guardia había sido la suya. Detrás de mi, los demás iban desperezándose y levantándose.         
Cuando llegué junto a David, este bostezó. –Va tocando preparar el desayuno antes de partir— entonces David miró a Amparo. –Espero que no nos la juegue.
—Es lo que esperamos todos— respondí. –Mantente atento en todo momento. Ya se lo he dicho a Luci.
—¿Y Keity?
—Ella lleva atenta desde que salimos del hospital. Cada vez que pasa por al lado de Amparo acaricia la culata de su pistola. Como a esa mujer se le ocurra dar un paso raro. Keity le disparará.
Amparo se levantó en ese momento y nos dio los buenos días. Detrás de ella apareció Vicky y vino a traerme mi mochila. —¿De que habláis?
—De cosas de mayores— respondí acariciándole el cabello.
—Oh bien. Cuenta— dijo en ese momento Vicky. Eso hizo que David y yo nos miráramos y sonriéramos. —¿Qué pasa? Yo también soy mayor. Te recuerdo que tengo catorce años.
—Pues vuelve aquí dentro de cuatro años— respondí con una sonrisa. –Ahora ve y desayuna algo. Nos vamos dentro de un rato.
Vicky se dio la vuelta y se alejó hablando en voz baja. Aunque no lo suficiente. –Hombres…
—¿Por qué a ella no la avisas?— preguntó David.
—Ella aun es joven. Si le digo que esté alerta, cualquier cosa podría hacerla cometer alguna imprudencia. Ya me encargaré de protegerla. Es mi hija al fin y al cabo— en ese momento, David comenzó a reír. —¿Dije algo gracioso?
—No, pero es que no me acostumbro a verte con una hija. Es alucinante lo que han cambiado las cosas para nosotros. Hace unos años creí que a día de hoy estaría quizás intentando sacarme algo en la universidad. Como muchos, supongo.
—Yo pensaba que a estas alturas estaría como policía o algo parecido— respondí. –Es evidente que nadie ha hecho lo que esperaba— miré  a Vicky mientras se comía unas galletas bañadas en leche. –Preferiría que esa niña estuviese viviendo una vida feliz. No con un ojo abierto a la hora de dormir. Eso es lo que quiero conseguir, que esa niña tenga la vida que merece. Tanto ella como Eva y mis hijos. Aunque no sean hijos realmente, llevan mi sangre.
—Hablando de sangre. ¿Cómo llevas lo de tu hermano? Ya ha pasado tiempo…— David hizo una pausa y me miró. –Hostia tío, perdona… No debí preguntar.
—No. Está bien, creo que  es algo de lo que hay que hablar. Muchas noches sueño con el, en como éramos y en como terminamos. Esto lo cambió, hizo de el un monstruo. Alguien sin sentimientos. Al menos eso es lo que pensaba. Era lo que quería creer…
—¿Qué quieres decir?— preguntó David.
—No creo que esto te cambie. Más bien creo que hace aflorar la verdadera cara del individuo. Mi hermano llevaba eso dentro de el y este apocalipsis lo hizo surgir. Nuestro verdadero yo es lo que ha salido a la luz. Esto ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros.
En ese momento, Luci se acercó a nosotros. –Es hora de marcharnos.
Eran las ocho de la mañana cuando abandonamos la estación de esquí. Hacía buen tiempo, aunque todo el camino estaba cubierto de nieve. Llegamos a un conjunto de casas, era como una aldea. Seguramente, una aldea Amish.
—Estamos cerca— dijo en ese momento Amparo parándose –Pasé por aquí de caminó al hospital. Cuando el puente aun estaba en su sitio.
—Entonces, si Thomaston está cerca, vamos— dijo Keity adelantándose.
Avanzamos entre las casas y entonces vimos una silueta entre dos casas. Se trataba de un caballo de color marrón. Este estaba atado a un poste de madera. Justo en ese momento. Un hombre salió de detrás del animal subiéndose la bragueta. Al vernos,  este levantó la cabeza y se nos quedó mirando. Entonces lanzó un grito —¡¡¡Ariadna!!!
—Mierda— dijo Luci en ese momento. Seguidamente miró a Amparo —¿Es una trampa?— fue en ese momento cuando de repente, varias personas comenzaron a aparecer apuntándonos con sus armas. Fue en ese momento cuando Luci desenvainó su espada y se puso detrás de Amparo, poniéndole la hoja de la espada en el cuello. Nosotros nos pusimos en círculo en torno a ella y apuntando con nuestras armas a los que acababan de aparecer.
Había alrededor de unas diez personas rodeándonos, probablemente había más ocultos.
—No es una trampa. Tienes que creerme— dijo Amparo mirando a Luci de reojo y luego a mi.  –Esto es solo un mal entendido.
—Cállate, o te corto el cuello— amenazó Luci.
—¡¡¡Ariadna!!!— volvió a gritar el hombre que había aparecido al principio. Fue en ese momento, cuando una chica de unos diecisiete o dieciocho años, salió de una de las casas. Esta tenía un rifle de caza entre las manos. Esta levantó el puño para que los que allí había bajaran las armas. Esta nos escudriñó a todos y fijó su vista en Amparo.
—No des un paso más. Ni se te ocurra— dijo Keity apuntándole con su rifle.
—No queremos problemas. Solo estamos aquí de paso. Somos buena gente, pero vosotros tenéis algo que me pertenece. Dejad  ir a mi madre. Seguro que podemos llegar a un acuerdo.
—¿Tu madre?— pregunté mirando a Amparo de reojo.
—Si. Mi madre, Amparo. Dejadla ir y os daremos lo que queráis. ¿Comida? ¿Munición? No importa. De eso, tenemos de sobra. No queremos problemas, por eso, es mejor solucionar las cosas— dijo la chica. —¿Eres tu su líder?
—Bajad todos las armas. Ariadna, tu también. Ellos no me tienen retenida— dijo en ese momento Amparo. Algo que hizo que Luci la zarandeara para que callara.
Volví a mirar a la chica y a los que la acompañaban, después miré a Amparo y decidí jugármela. –Luci. Suéltala.
—¿Te has vuelto loco? Nos superan en número y nos tienen a tiro.
—Es una orden. No dispararán— dije.
Luci me miró a mí y empujó a Amparo sacándola del círculo. Esta tropezó en la nieve y cayó de bruces. La muchacha quiso correr hacia ella, pero David se interpuso.
—Ni te muevas. Ni se te ocurra.
En ese momento, Amparo se puso en pie y se metió en medio. Entre David y la chica. Apuntando a cada uno de ellos con las manos desnudas, como si quisiera impedir una pelea. Entonces comenzó a hablar. –Salid todos y bajad las armas. Ellos son de confianza.
—Bajadlas vosotros también— dije mirando a mis compañeros.
Todos bajamos las armas y entonces, Amparo abrazó a su hija. —¿Qué hacéis aquí? ¿Qué hacéis fuera de Thomaston?
—Llevabas tiempo desaparecida. Decidimos salir a buscarte— respondió la chica. Entonces nos miró. —¿Quiénes son ellos?
—Son amigos— respondió Amparo. –Son como nosotros. Los llevo a Thomaston.
*****
Nos habíamos metido todos dentro de una casa. Allí se habían hecho las presentaciones. Ariadna era la que estaba al mando en esa expedición de búsqueda. Ellos, habían salido de Thomaston durante la noche y se habían refugiado allí cuando estalló la tormenta. Se habían preocupado por la ausencia de Amparo tanto tiempo. Con Ariadna iban varios hombres y mujeres. Todos habitantes de Thomaston. Después de eso, retomamos nuestro camino hacia Thomaston. Aquella gente usaba caballos, de los cuales, uno de ellos nos lo cedieron a Vicky y a mi. Durante el camino comenzó a hablarme.
—Estuve a punto de disparar cuando aparecieron esas personas. Estuve a punto de dispararle a Amparo, pero no lo hice.
—Me alegro de que no lo hicieras. Yo también pensé que era una trampa, pero me di cuenta de la mirada de esa chica— miré en ese momento al caballo donde iban madre e hija. –Vi que no mentía y que quería evitar un enfrentamiento.
—Supiste ver que eran buenas personas— dijo Vicky.
—Si. No todos tienen por que ser malos. Aun hay gente buena en el mundo. Se nos ha olvidado eso. La humanidad. Tenemos que ser más humanos.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Vicky.
—Cuando lleguemos a Thomaston empezará una nueva vida para todos nosotros. Tío Carlos ya no está. Ya no hay nadie que nos amenace. He tomado la decisión de que quiero ser de otro modo. Quiero ser otra persona. No quiero tener que volver a matar.
—¿Por qué?— preguntó Vicky.
—Se que a veces es necesario. Al menos desde que vivimos así, pero eso debe cambiar. Debemos tratar de crear una nueva sociedad. Una sociedad mejor, con gente mejor. Con gente humana.
—Entonces no quieres volver a matar…— murmuró Vicky.
—Así es. Se acabó— respondí. –Una vez vivamos en Thomaston, seremos gente nueva.
—Entonces yo tampoco quiero tener que volver a matar… Pero… ¿Eso incluye a los caminantes? ¿O solo a las personas?
—Solo a las personas— respondí –Podemos crear un nuevo mundo y aplicar leyes. Recuperar parte del mundo que se ha perdido. ¿Lo entiendes? Estoy convencido de que eso es posible.
—Suenas muy convencido de ello— dijo en ese momento Keity situándose a nuestro lado. –Aun no sabemos si nos quedaremos a vivir allí. Sobre lo que hablas… Pareces el Papa. Yo no afirmaría nada todavía, siempre hay algún cabrón por ahí suelto. Por H o por B. Siempre habrá alguien al que solo se le podrán parar los pies con un tiro en la cabeza.
—Eso lo se, y es precisamente eso lo que debemos cambiar— respondí.
—Mirad eso— dijo en ese momento Vicky.
Todos miramos al frente y entonces vimos que bajo el sol del medio día, comenzaban a erguirse los altos muros de Thomaston. Eran tal y como los habíamos visto en las fotos. Llegamos a las puertas y  vimos a varios guardas subidos en torretas. Estos nos vieron llegar y enseguida dieron la orden de abrir las puertas.
Las puertas se abrieron y los caballos cruzaron. Una vez dentro, puede comprobar que era como si allí no hubiese pasado nunca nada, como si allí la vida hubiese seguido tal cual. Entonces Amparo me miró y sonrió.
—Bienvenidos a Thomaston.
En ese momento un chico joven se acercó a nosotros y acarició el caballo donde iba Amparo. –Me alegro de verte Amparo— entonces nos miró a nosotros. –Y veo que trae a más gente. Bienvenidos a Thomaston.
Amparo se bajó del caballo y yo también lo hice. Ella y yo avanzamos hasta el muchacho. Entonces nos presentó. –Este es Xander. Los caballos son suyos. Xander, el es Juanma.
Yo le estreché la mano al muchacho y este centró toda su atención en el caballo. –Espero que Sombra se haya portado bien. No suele aceptar bien a  los desconocidos.
—Sombra se ha comportado perfectamente— respondí.
—Xander. Llevad a los caballos a los establos. Yo les mostraré el pueblo a nuestros invitados— dijo Amparo mirándonos  a David,  a Keity, a Luci, a Vicky y a mi.
En ese momento la hija de Amparo se acercó a ella y la abrazó. –Iré a casa y avisaré a papá de que has regresado. Se alegrará mucho.
Comenzamos a caminar por las calles mientras Amparo nos iba mostrando lugares. Casas, parques, establos, huertos… —La zona que hemos ocupado no es demasiado grande, pero para la cantidad de habitantes nos es suficiente. Incluso hay casas sin ocupar, esas os las podréis quedar vosotros, os las mostraré.
—¿Cuántos habitantes sois en total?— preguntó Luci.
—Ciento cincuenta y uno en total. Aunque pronto aumentaremos en número. Hay mujeres a punto de dar a luz. Hace un año se decidió que algunas mujeres se quedaran embarazadas. Digamos que fue algo así como intentar repoblar el planeta.
—¿Obligasteis a mujeres a quedarse embarazadas?— preguntó Keity.
—No exactamente. Nosotros pusimos la propuesta sobre la mesa y las mujeres se presentaron voluntarias. Aquí no hay leyes que obliguen a nada, aunque si que hay leyes. Por ejemplo, el asesinato se paga con la muerte. Hace tres meses ejecutamos a un hombre que maltrataba a su mujer. Le dimos muchos avisos, incluso alejamos a su mujer de el, pero una noche la asesinó. Fui yo misma quien acabó con el. Fue duro.
—¿Cómo fue? La ejecución— dijo Luci.
—Fue inyección letal en el hospital. No ejecutamos en público ni nada de eso. Tratamos de ser mejores personas. Creemos que si hemos sobrevivido a esto es porque se nos ha dado una segunda oportunidad— entonces me miró a mi y me di cuenta de que sabía lo que había dicho sobre no perder nuestra humanidad.
Llegamos entonces a una casa y Amparo se detuvo. –Esta es mi casa. Os presentaré a mi marido— llamó al timbre y un hombre abrió la puerta. Se trataba de un hombre de unos cuarenta años. Llevaba gafas y en una de sus manos sostenía un libro. Enseguida abrazó a Amparo y nos miraron a nosotros. –Este es Reed, mi marido. Cariño, te presento a Juanma, a su hija Vicky, a David, a Luci y a Keity. Ellos y el resto de su grupo que no está aquí se van a convertir en integrantes de nuestra comunidad.
Reed bajó los escalones y se acercó a estrecharme la mano a mí y a los demás. –Es un placer conoceros. Hacía tiempo que no traíamos a nadie. Básicamente por que no hay nadie que nos haya convencido. No dejamos entrar a cualquiera, pero si mi esposa os ha traído es porque sois buenas personas. Bienvenidos.
En ese momento, Amparo pareció oler algo  y miró a su marido. —¿Estás preparando la comida?
—Si— respondió Reed. Entonces Amparo nos miró a nosotros.
—Podéis comer con nosotros si queréis. Aceptad por favor.
Nosotros aceptamos y nos quedamos a comer en casa de Amparo. Fue una comida deliciosa. Hacía tiempo que no comíamos así de bien. Durante la comida habíamos hablado de distintos temas y Amparo había dado el aviso al taller para que prepararan dos autobuses para regresar al hospital lo antes posible a recoger a los demás.
Estábamos realmente impresionados. Thomaston era un lugar idílico, de hecho, cruzar las puertas había sido como retroceder en el tiempo a antes de que el mundo que conocíamos se fuese al infierno. Despues de la comida, nos llevaron a una de las casas, allí pasaríamos la noche. Después nos llamaron para cenar. Tras la cena regresamos a casa y allí, mientras unos se fueron a dormir, yo me quedé mirando por la ventana. Fue entonces cuando Keity se me acercó.
—¿No duermes?— preguntó.
—No. Aun no ¿Y tu?— le respondí.
—No es que tenga demasiado sueño— entonces se sentó a mi lado. –Verás. No es que desconfíe de esta gente. Pienso que si quisieran hacernos algo, no estaríamos teniendo esta conversación. No nos han quitado ni las armas. Es decir, si nos quisiesen muertos ya lo estaríamos, aun así… Todo esto es demasiado perfecto, demasiado bonito para ser cierto. Creo que lo que me pasa es que tengo miedo a dormirme y al despertarme, ver que todo esto ha desaparecido.
—Bueno. Creo que puedes irte a dormir tranquila. Esto es real del todo— respondí.
—Supongo que tienes razón. Debo estar algo paranoica. No estoy acostumbrada a que las cosas sean tan perfectas— en ese momento sonreí. –Estoy paranoica ¿No?
—Casi tanto como yo— respondí mientras veía a una mujer pasear a tres perros a la luz de las farolas. –Venga, ve a dormir. Mañana exploraremos mejor este pueblo. Yo me iré a dormir en breves.
En ese momento Keity se inclinó sobre mí y me dio un beso en la mejilla. –Siento que debo darte las gracias. Es gracias a ti por lo que estamos aquí en Thomaston. Así que bueno… Gracias.
—No hay de que— respondí.
Pasadas cerca de dos horas me alejé de la ventana y decidí irme a dormir. Aunque antes decidí pasar por la habitación donde estaba Vicky. Abrí la puerta con cuidado y entonces vi a mi hija. Se había quedado dormida boca abajo. Junto a ella había varios comics. Entonces sonreí ante la idea de que allí podríamos ser felices todos nosotros.